
Todos los días alguien me menciona. Normalmente varios miles de personas, y suelo ser eficaz, aunque por norma general para conseguir que pronunciarme tenga algún tipo de efecto en la gente debo ser nombrada como una simple palabra más entre las explicaciones pertinentes. Miento. No soy una simple palabra. Nunca lo he sido y nunca lo seré. Llevo demasiados años dedicándome a arreglar situaciones difíciles, reconciliar amigos, parejas, familiares, expresar arrepentimientos de todo tipo...
Soy una gran palabra. Sin ninguna duda. Pero quien ose pronunciarme tiene que sentirme. Sentirme con toda su alma, porque sino no tiene ningún sentido que lo haga. Esa es la razón por la que muchos no tienen el valor de hacerlo, y otros tantos se arrepienten de haberlo hecho, y los más pardillos temen que no surja efecto, sin ni siquiera haberlo intentado.
Otro gran problema es que es necesario tragarse el orgullo, y eso a los seres humanos en ocasiones os cuesta demasiado. Tenéis que reconocer que os habéis equivocado, o aunque no sintáis que lo habéis hecho, reconocer que alguien ha sufrido por vuestra culpa, y eso cuesta, porque si se hace intencionadamente, se es una mala persona, y nadie quiere ser algo tan horrible.
¿Queréis un consejo? Arriesgaos. Tened confianza en vosotros mismos, tragaos el orgullo, comeos vuestra mierda y sentid sin miedo. Cuando lo halláis perdido, podréis gritarme, gritarme a los cuatro vientos, porque estaréis preparados para escuchar la respuesta. Y es que aunque mi existencia es absolutamente necesaria, lo genial sería que algún día no fuera tuvierais volver a nombrarme.
Por cierto, mi nombre es PERDÓN, y apuesto a que tú también tienes algún motivo para pronunciarme.

3 comentarios:
el orgullo es para los debiles
¿de que sirve pedir perdon si la otra persona no perdona?
Nunca sabrás si vas a ser perdonado si no te molestas en intentarlo...a lo que me refiero es a que la posibilidad de ser perdonado siempre está ahí, y yo creo que por intentarlo no se pierde nada...
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