jueves, 9 de febrero de 2006

Las mayorías y los tópicos

Hoy, en clase de filosofía, mientras leíamos el capítulo cuarto del libro "Filosofía mínima", me ha llamado la mucho la atención uno de los párrafos. Me ha hecho reflexionar bastante, y reirme de mi misma, así que he decidido posponer el tema de las universidades , y dejaros aquí ese pequeño fragmento. Tal vez, también despierta vuestro interés:

Es un gran error confundir la verdad con el hecho puro y simple de que un determinado número de personas acepten o no una proposición. Si se admite esa identificación entre verdad y consenso social, cerramos el camino a la inteligencia y la sometemos a quienes pueden crear artificialmente ese consenso con los medios que tienen a su alcance. Adoptar de forma acrítica una postura mayoritaria equivale a pensar que ya no existe la verdad, y que se debe considerar como tal aquello que decide quien tiene poder para imponer mayoritariamente su opinión. En la versión de Shakespeare, vemos que el discurso de Bruto para justificar ante el pueblo romano el asesinato de Julio César, es plenamente convincente: el pueblo, en efecto, es convencido. Nada hace pensar que nosotros no hubiéramos aplaudido igualmente a Bruto, y eso es lo inquietante. De hecho, hemos de reconocer que aceptamos e incluso defendemos acaloradamente los sofismas de muchos Brutos intelectuales y políticos de nuestros días.

Ahí queda eso, reflexionad. Yo personalmente, considero que no es mi caso, ya que siempre he creido tener la suficiente personalidad como para tener mi propia opinión, bajo unos conocimientos y criterios previos, al margen de lo que opine o no la mayoría (por si a alguien le interesa la filosofía, y no lo sabía, o no se acordaba, en el caso de Bruto, hay un claro ejemplo de una de las falacias del discurso más conocidas, la falacia "ad popullum", que consiste en aprobar como cierto aquello que se nos dice, por el simple hecho de que su portador es alguien con legitimidad, o poder, y os recomendaría que os fijarais en cualquier discursito de cualquier personaje político. Es impresionante).

Dos párrafos después de esto, aparece la siguiente pregunta: "¿Es preferible equivocarse con la mayoría o tener razón contra ella?". Mi postura creo que es obvia, segunda opción, pero espero vuestras respuestas.

Atentamente, Yaddel.

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